09 diciembre 2007




COMIDAS DE NAVIDAD.

Hola a tod@s de nuevo, ya llega la Navidad, la dulce Navidad. Esa época que a la mayoría nos gusta solo cuando somos pequeños.

Cuando creces se empieza a complicar, ya tienes que pensar en los regalos que tú tienes que hacer y cómo vas a sacar el dinero para pagarlos.

Luego cuando empiezas a trabajar, la cosa se complica. Tu tiempo se reduce hasta tal punto, que se convierte en una odisea el comprar los regalos. Vas cuando puede la mayoría, largas colas, subidas de precios, falta de aparcamiento en las zonas comerciales, se agotan los regalos, en especial los juguetes y tienes que buscarlos…

Ya metidos en fechas te viene el bajón de hacer balance de tu vida, piensas en los que están, en los que no están, lo que hice bien, lo que hice mal… y mil y una reflexiones que nos sumen en una molesta depresión temporal.

Pues a todo esto, hay que añadir algo, las COMIDAS DE NAVIDAD.

Reuniones mayoritariamente insufribles, ya que es la época de la hipocresía en su plenitud.
El otro día me dicen: ¿Cuándo hacemos la comida de Navidad?, le dije y ¿después cenamos?
Tiene narices que la mayoría de las veces, tienes que sentarte en la misma mesa con alguien a quien no tragas ni con vino. Ese “amigo” común que no soportas, pero no puede faltar. Ese compañer@ de trabajo que te esta jodiendo todo el año y ahora con dos copas quiere ser colega tuyo, ese jefe al que hay que reírle las gracias porque paga la fiesta…

Aunque no todo es siempre malo, a veces te sacas un rollito con una o un compañero, que aunque no sea la Carolina Cerezuela o el Brian Vander, te alegra las fiestas.



Aunque realmente todo se relaja después de la cena, cuando algunos empiezan a desaparecer y se van quedando los más afines. Una vez hecha la selección (jefe incluido), te vas de copas con los supervivientes. Pero llegados a este punto, OJO, aun puede aparecer ese compañer@ todo ciego o mamao, que empieza a darte la brasa con los cotilleos del trabajo. Cuando los efluvios del alcohol ya no son suficientes para soportar dicha tortura, coges un TAXI (si lo encuentras) y te vas a tu casa, con la esperanza de que la bebida haya sido la suficiente para que cuando toques la cama te desmayes directamente y a la mañana siguiente no recuerdes nada.

De las comidas familiares no comento nada, suelen ser… no se… en la mayoría de los casos como poco raras.

Pero tranquilos, mientras haya niños, habrá cierto punto de alegría e ilusión por lo que valdrá la pena el soportar estos sufrimientos. Claro está, siempre que no pensemos en esos otros niños que no tendrán nada, ni regalos, ni comidas, ni amor, ni nada de nada.

Bueno me despido con un consejo, “querer a quien queráis durante todo el año y seguir odiando a quien odiéis durante el mismo”

Recordad, ser buenos sino ya sabéis. Yo a esperar el pijama navideño de mi suegra, ya lo estoy anhelando me quita un gasto durante el año y después de 8 años me permite variar o hacer combinaciones varias a la hora de irme a dormir. Esa misma noche lo estreno.

Bueno de NOCHEVIEJA ya hablaremos, je, je, je.

Saludos y hasta dentro de poco.

3 comentarios:

mercado-negro.org dijo...

muy bonito post

Browner...Seguro? dijo...

Cuanta verdad en este post...

Yo simplemente no voy a las cenas de empresa por ese motivo, me niego a aguantar a un@s gilipollas que el resto del año casi ni te hablan y ese dia le tengo que hacer la gracia, me niego

carlos63 dijo...

Yo tampoco voy hace tiempo, sobre todo porque era autonomo